Y como siempre, el miedo se vuelve realidad, tarde o temprano, tus temores aparecen y te dañan, te debilitan, sentís como si te asesinaran, pero vos creés que podés seguir y mirar a otro lado cuando realmente no podés, te quebrás al pensar en eso que te tiene tan mal, te largás a llorar con solo hablar, qué hacés que no encarás tus miedos? Esquivarlos no es la solución, puede ser la manera fácil de seguir adelante, pero siguen sin ser la opción correcta.
Asíque bueno, nada. Los miedos no se quedan dentro de uno, siempre pueden aparecer y bajarte cuando más arriba estás, volando quizá en tu nube de felicidad y tranquilidad.
Nada es para siempre y eso es verdad, creés que todo va a durar hasta el fin de tus días, pero no es así. Aunque descubrirlo es doloroso, te terminás dando cuenta que es mejor así.
Hoy mi gorda me abandonó para siempre, o mejor dicho, la dejamos ir para siempre, porque realmente, era mejor dejarla ir en paz que obligarla a quedarse y que sufra. Ella era fuerte, iba a superar la operación, pero no se iba a salvar del todo, no por lo que el tumor le comprometía. Y sinceramente, prefiero que el último recuerdo de ella sea saltando, ladrando y moviendo la colita, feliz porque iba a pasear, aunque lo que nadie esperaba es que no vuelva de eso paseo.
Te extraño bebé, pero sé que estás en un lugar mucho mejor que en el que estoy yo ahora. Ya nos vamos a reencontrar y te voy a abrazar. Al menos, me queda el consuelo de que te pude tener en mis brazos una última vez...
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